Austin Broussard
Eventos Historicos
25 Julio 2014
La patria incómoda
Florida
no es seguro para los niños negritos. Hasta el 2012, cuando yo pensaba en
Florida, el estado de la luz del sol, pensaba en los parques temáticos y el clima
que parece como un verano permanente. Esa imagen cambió después de dos sucesos que
me mostraron una luz de otro tipo. En febrero de 2012, un chico de diez y seis
años fue matado por un hombre de veinte seis años en la ciudad de Sanford,
Florida. Se encontró al chico muerto sin armas y sin la oportunidad de realizar
su potencial real. Nueve meses más tarde, en noviembre del mismo año 2012, otro
chico de diez y siete años, quien no tenía ningún arma ni un proceso judicial
por su crimen de ser negro y joven, fue matado en Jacksonville, Florida. Eso
asesinato fue cometido por un hombre de cuarenta y cinco años. Después de dos
procesos muy publicados, ninguno de los dos asesinos fue condenado con la
muerte de sus víctimas. Los abogados de los dos casos se basaron en la ley, que
se llama “Stand Your Ground,”—esa ley dice que alguien puede usar la fuerza
mortal contra otra persona si siente que su vida está amenazada—para apoyar las
defensas de sus clientes, y en los dos casos tuvieron éxito. En la conciencia
de los estadounidenses, la imagen de justicia americana para la gente negra fue
destrozada.
No
escribo para discutir los hechos de cada caso. Es casi seguro que la importancia
de los hechos muriera al morir de la esperanza de que esos casos resultarían en
el encarcelamiento de los dos acusados. Lo importante es darse cuenta de que en
los Estados Unidos, todavía no existe la justicia para todo el mundo. En los
dos casos, los chicos eran negros y los asesinos eran blancos. De hecho, la
mayoría de personas negras con quienes he discutido esos casos no odia a la
gente blanca, pero es normal que todas estas personas sintieran la tristeza que
viene cuando alguien se da cuenta que el color de su piel todavía no merece la
justicia en la implementación de la ley en nuestro país.
El
veredicto del caso de Trayvon Martin, el adolescente que fue matado en febrero
de 2012, puso a los hombres negros del siglo veinte y uno en estado de trauma.
Era un sentimiento que atacaba lentamente nuestros espíritus, porque los
noticieros repetían por varias semanas la sonrisa siniestra de George Zimmerman
cuando se enteró que no sería sentenciado. El veredicto en el caso de Jordan
Davis, el otro adolescente negro que fue matado por Michael Dunn en el
estacionamiento de una galolinera en Jacksonville tras un desacuerdo verbal,
hizo misma cosa a los hombres negros específicamente. De hecho, Dunn fue
condenado por la tentativa de asesinato de los tres adolescentes a quienes disparó en el coche con Jordan Davis,
pero no fue sentenciado por la muerte del único chico que murió de sus heridas
de bala.
A mi
generación esos sucesos nos mostraron que la vida del chico negrito en los
Estados Unidos no se considera digna del respeto y el valor que deben ser
básicos para todos los seres humanos. Las dos noches en las cuales nos
enteramos de los veredictos de los asesinos, las calles de “nuestro” país
hedieron a sangre y privación de derechos. Desde los días de la esclavitud, las
madres negras han tenido que advertir a
sus niños sobre los peligros de la vida negra, pero mucha gente creía que las
advertencias se habían hecho viejas e inútiles. Los últimos años han dado muchos
ejemplos del hecho que las viejas advertencias todavía son poderosas y
pertinentes. Desde la perspectiva de un hombre negro es dudoso que esta
consciencia nos cause cambiar la manera en que caminamos o comemos. Es probable
que todavía durmamos y respiremos como hicimos antes de estos sucesos, pero la
verdad es que nuestra conciencia aumentó. Se puede decir que hoy en día,
desafortunadamente, muchas veces los Estados Unidos ya no se siente como
nuestra patria.
No comments:
Post a Comment