Friday, August 1, 2014

Eventos Historicos

Austin Broussard
Eventos Historicos
25 Julio 2014

La patria incómoda

Florida no es seguro para los niños negritos. Hasta el 2012, cuando yo pensaba en Florida, el estado de la luz del sol,  pensaba en los parques temáticos y el clima que parece como un verano permanente. Esa imagen cambió después de dos sucesos que me mostraron una luz de otro tipo. En febrero de 2012, un chico de diez y seis años fue matado por un hombre de veinte seis años en la ciudad de Sanford, Florida. Se encontró al chico muerto sin armas y sin la oportunidad de realizar su potencial real. Nueve meses más tarde, en noviembre del mismo año 2012, otro chico de diez y siete años, quien no tenía ningún arma ni un proceso judicial por su crimen de ser negro y joven, fue matado en Jacksonville, Florida. Eso asesinato fue cometido por un hombre de cuarenta y cinco años. Después de dos procesos muy publicados, ninguno de los dos asesinos fue condenado con la muerte de sus víctimas. Los abogados de los dos casos se basaron en la ley, que se llama “Stand Your Ground,”—esa ley dice que alguien puede usar la fuerza mortal contra otra persona si siente que su vida está amenazada—para apoyar las defensas de sus clientes, y en los dos casos tuvieron éxito. En la conciencia de los estadounidenses, la imagen de justicia americana para la gente negra fue destrozada.
No escribo para discutir los hechos de cada caso. Es casi seguro que la importancia de los hechos muriera al morir de la esperanza de que esos casos resultarían en el encarcelamiento de los dos acusados. Lo importante es darse cuenta de que en los Estados Unidos, todavía no existe la justicia para todo el mundo. En los dos casos, los chicos eran negros y los asesinos eran blancos. De hecho, la mayoría de personas negras con quienes he discutido esos casos no odia a la gente blanca, pero es normal que todas estas personas sintieran la tristeza que viene cuando alguien se da cuenta que el color de su piel todavía no merece la justicia en la implementación de la ley en nuestro país.
El veredicto del caso de Trayvon Martin, el adolescente que fue matado en febrero de 2012, puso a los hombres negros del siglo veinte y uno en estado de trauma. Era un sentimiento que atacaba lentamente nuestros espíritus, porque los noticieros repetían por varias semanas la sonrisa siniestra de George Zimmerman cuando se enteró que no sería sentenciado. El veredicto en el caso de Jordan Davis, el otro adolescente negro que fue matado por Michael Dunn en el estacionamiento de una galolinera en Jacksonville tras un desacuerdo verbal, hizo misma cosa a los hombres negros específicamente. De hecho, Dunn fue condenado por la tentativa de asesinato de los tres adolescentes  a quienes disparó en el coche con Jordan Davis, pero no fue sentenciado por la muerte del único chico que murió de sus heridas de bala.

            A mi generación esos sucesos nos mostraron que la vida del chico negrito en los Estados Unidos no se considera digna del respeto y el valor que deben ser básicos para todos los seres humanos. Las dos noches en las cuales nos enteramos de los veredictos de los asesinos, las calles de “nuestro” país hedieron a sangre y privación de derechos. Desde los días de la esclavitud, las madres negras  han tenido que advertir a sus niños sobre los peligros de la vida negra, pero mucha gente creía que las advertencias se habían hecho viejas e inútiles. Los últimos años han dado muchos ejemplos del hecho que las viejas advertencias todavía son poderosas y pertinentes. Desde la perspectiva de un hombre negro es dudoso que esta consciencia nos cause cambiar la manera en que caminamos o comemos. Es probable que todavía durmamos y respiremos como hicimos antes de estos sucesos, pero la verdad es que nuestra conciencia aumentó. Se puede decir que hoy en día, desafortunadamente, muchas veces los Estados Unidos ya no se siente como nuestra patria.